Caminaba
por el sendero más iluminado, sin miedo a tropiezos, sin esquivar
obstáculos. Firme es su decisión de no cambiar de idea, llegaría
hasta el final estuviese allí su conciencia o no.
Había
sido libre, quizás demasiado en momentos. Posiblemente pagaría el
peaje del egoísmos que se ancla a la libertad no compartida.
Cuando
abrió los ojos observó como los cables unidos a la caja metálica
le devolvían la conciencia, la vida es un sonido que atraviesa los
oídos y azota la mente sin piedad.
¡No
quiero estar aquí!
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