Que a las 5.30 h de la madrugada suene el móvil, inquieta a
cualquiera, y si en la pantalla aparece el nombre de una amiga te da
tiempo, en 2 milésimas de segundo que tardas en descolgar, de pensar
en todo lo malo que tu mente recién sacada de un profundo sueño es
capaz.
-¿Te he despertado, Laura?
A pesar de que la absurda pregunta merecía una respuesta de la
mías. Lógicamente no lo hice, si alguien te llama a esa hora algo
pasa, incluso se puede estar muriendo. No, no se estaba muriendo, ni
siquiera necesitaba una ambulancia. Había tenido una bronca con su
novio de las de “ eres un cabrón, no quiero volver a verte en mi
vida”.
La historia es una de esas que se repiten constantemente a lo
largo de la vida de una pareja, situaciones usuales, guerras de
fuerza por posiciones ancladas en el egoísmo, desavenencias lógicas
cuando compartes un trozo de tu vida, un fragmento, un pedazo, una
sección, un cacho (¡ ojo !midan bien que tamaño de vida que
comparten)
Y allí estaba yo, intentando no dormirme colgada al teléfono (no
podía del susto que tenía, se me salía el corazón) mientras que
ella desahogaba toda la rabia que había acumulado durante la larga
noche que llevaba en vela.
Han sido dos hora y media de llantos, risas nerviosas y
complicidad sin igual. Yo por una amiga de verdad, mato.
Ya con el café en la mano y pensando en esto con algo de
distancia, he llegado a una indiscutible conclusión. Con todos los
problemas que hay en el país, lo que mueve España es el amor,
señores. Me acuesto hablado de amor, recibo mensajes de hombres que
hablan de amor, me despiertan de madrugada hablando de amor, estoy
escribiendo sobre el amor en un grupo secreto de amor, el amor está
en aire, respiramos amor. Y eso que no estoy enamorada. (estoy algo
empachada, lo reconozco)
Como dice una canción de Malu; “de amor se puede vivir”.

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