
Hoy
he tenido un mal día, he pensado en ti todo el tiempo. He tenido
pensamientos mañaneros colados en mi mente entre sorbo de café y
tostada. Pensamientos traviesos, que se burlan interrumpiendo en
momentos inadecuados, en la conversación sobre el mal tiempo, en la
decisión trivial entre una camisa a rayas o a cuadros, entre palabra
y palabra de este escrito. Entran sin llamar en mi cabeza, con la
soltura del desparpajo, con el atrevimiento de la confianza
desvergonzada.
Después
de detener por enésima vez tu pensamiento, como un dibujo animado
parando un tren en marcha, he colocado un nuevo pensamiento en el
sitio del tuyo, respetuoso, blanco, alegre, luminoso, sincero,
verdadero...que ha durado lo mismo que el agua cuando pasa por mis
manos, para verte de nuevo entrar en mi cabeza, igual que entra un
elefante en una cristalería.
He pensando en ti mientras pensaba en que momento perdí la cordura, el amor y el respeto que me debo.
He reiniciado hoy mi mente muchas veces, para recuperar de nuevo la sensatez, porque pensar en ti me descoloca, me altera, me enoja, me exaspera, me cabrea, me irrita... me deja en un estado que apenaría a cualquiera.
Hoy he tenido un mal día, uno de esos días que todos conocemos.
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