domingo, 17 de abril de 2011

Por fin estaba allí.

La ciudad nos recibió con una bofetada de aire frío, el suelo helado y resbaloso del tunel de acceso al aeropuerto nos advierte de la baja temperatura de esta ciudad  famosa y cosmopolita, pero tremendamente fría en esta época del año.

Después de abrazos y besos de recibimiento nos dirigimos a la calle. La noche cerrada y el relente de la ciudad no ayudó a mejorar la primera impresión, pero tampoco fue motivo suficiente para que la ilusión por conocerla menguara ni un ápice.

Las vicisitudes de mi vida habían retrasado este viaje demasiado tiempo. Por fin estaba allí.

De noche podía confundirse con cualquier otra ciudad, impresionantes autopistas, gigantescos carteles publicitarios, túneles interminables, que el taxi atravesaba deslizándose con gran habilidad, adelantando a otros vehículos a una velocidad elevada, que recordaba a las películas Starsky and HutchEsta particular impresión, puede ser debida a que vivo en una pequeña ciudad donde la carreteras no merecen el nombre de autopistas.

Primera hora de la mañana, un desayuno potente para enfrentar el día con energía. El termómetro marca -2 grados. Nos azaramos en vestirnos, colocando jersey sobre un par de camisetas y leggins bajo los pantalones de pana, un lío de ropa que agobiaba bastante dentro de el apartamento que tenia normalmente la calefacción sobre los 22 grados. 
Solamente la gente que veía desde la ventana tapada con bufandas hasta los ojos y gorros que se estiraban hasta el cuello, me indicaban que ahí afuera hacia frío de verdad. Ya en el calle,  minutos mas tarde, pensé si no debí ponerme un par de calcetines más, el frío intenso me paraliza, se me congelan los pensamientos mientras caminamos hacia la tienda para cargar la travelcard, solo 200 mts., y ya no siento las orejas.

Al atravesar el cementerio de Kensal Green uno de los mas antiguos y distinguidos de la ciudad, con casi dos siglos de antiguedad, la cámara de fotos iniciaba su labor. Posamos al lado y sobre las lapidas, que tienen esas formas atípicas, desordenadas y caídas por el gran tamaño de las raíces. Esbozábamos las primeras risas de la mañana.

Punkis, Emos, Góticos, Hippies, Raperos, Hip-hopperos, Rockeros, Heavys, etc..., impresionante la gran diversidad de gente. Mi hija adolescente disparaba su cámara de fotos sin ningún tipo de resquemor. Hasta el punto de sentir apuro por violentar la intimidad de algunos de los "peculiares" transeúntes de Camdem Town. Este mercado situado en un complejo de calles, es uno del los mas extravagantes y variados de la ciudad, recibe oleadas de turistas del todo el mundo, convirtiéndolo en un gran centro de modos de vida alternativos. 

Algo que me llamó poderosamente la atención, porque no lo he visto, ni en las zonas mas frías de mi país, es que la gente parece apesadumbrada, entristecida y con gesto lejano. Los veo subir al metro y  clavar sus miradas en el periódico o el vacío en un silencio mortal, y pienso, mientras les observo con disimulo, como serán sus vidas, espero que no sean tan triste como su aspecto. 

Contraste de gente, mezcla de culturas, si eres de fuera nunca te sentirás perdido, allí la gente no echa raíces, hablando de una forma generalizada, claro está. 

En los pub de la ciudad, preciosos y muchos de ellos tradicionales, de gran valor histórico, la cerveza transita con fluidez, hay que entrar en calor de una forma u otra, aun así, el ambiente del los pub es tan frío y denso, que se puede cortar la sensación con un cuchillo. Supongo que es parte del carácter de la gente de esta emblemática ciudad.

Al segundo día de nuestra llegada la ciudad se cubrió por un manto de nieve de 10 cm de grosor, que la hacia todavía mas interesante, en mis fotos todos los monumentos de la ciudad están cubiertos de nieve o se aprecia como nieva. Uno de los momentos mas entrañables del viaje, el paseo nocturno por el Támesis, ¡que frió!, la Torre y El Palacio de Westminster al fondo, iluminados, majestuosos, señoriales y magníficos.

Y de todos estos días, siempre recordaré con cariño, la tarde que disfrutamos de la pista de patinaje al aire libre en los alrededores de la Torre, con el Tower Bridge y el Támesis a muy poco distancia, un lugar impresionante, que aconsejo siempre a la gente que no deje de visitar. Los resbalones y caídas en la pista, son otra historia, por supuesto, propias de la poca costumbre, que nos hicieron reír toda la tarde.

Fueron días llenos de emociones, compartidos con gente muy querida y entrañable para nosotras, que con todo el cariño, nos guiaron por esta solemne ciudad llena de historia. Días que quedaran para siempre en nuestra memoria y nuestro corazón.




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