Creemos
vivir en una sociedad moderna y avanzada y nos preocupa que el modelo
de comportamiento violento, el maltrato de género, se repita en
nuestros adolescentes, futuros adultos. Los jóvenes siguen teniendo
comportamientos denigrantes y violentos entre sí, a pesar de que se
han endurecido las leyes sobre la violencia de género y hay tanta
información sobre este tema. El motivo de que esto ocurra, para mí
es muy simple y además lógico. Partiendo de la base de que la
violencia no forma parte de la naturaleza del ser humano, algo que ya
está demostrado y por lo tanto es un comportamiento aprendido.
Quizás, para empezar a entender las cosas, debemos preguntarnos, ¿dónde aprenden nuestros jóvenes la
violencia?.
Nuestros jóvenes aprenden comportamientos sexistas que forman su identidad en todo lo que les rodea, principalmente en el núcleo familiar. Basta recordar expresiones cotidianas que referimos a los niños como “qué guapísima está”, o “qué grandote y fuerte se le ve”, para comprender que no son propias del mismo sexo. Seguimos educando a los varones en el rol masculino, la decisión, la omisión de los sentimientos –los chicos no lloran- la seguridad en él mismo, el “todo vale”, la dominación de los demás. En cambio, educamos en el rol femenino a las hembras, la pasividad, las actitudes de espera, el comportamiento de la afectividad, el esfuerzo cotidiano pero sin discordancia, el ocuparse de los demás, jugar a ser mamas es típico de niñas, el papel de espera en la relación amorosa. Todo un cuadro de actitudes que dificulta la autodeterminación a nivel afectivo, personal y laboral. Somos nosotros, el conjunto entero de esta sociedad “moderna”, los que enseñamos a nuestros hijos pautas de comportamientos sexistas.
Nuestros jóvenes aprenden comportamientos sexistas que forman su identidad en todo lo que les rodea, principalmente en el núcleo familiar. Basta recordar expresiones cotidianas que referimos a los niños como “qué guapísima está”, o “qué grandote y fuerte se le ve”, para comprender que no son propias del mismo sexo. Seguimos educando a los varones en el rol masculino, la decisión, la omisión de los sentimientos –los chicos no lloran- la seguridad en él mismo, el “todo vale”, la dominación de los demás. En cambio, educamos en el rol femenino a las hembras, la pasividad, las actitudes de espera, el comportamiento de la afectividad, el esfuerzo cotidiano pero sin discordancia, el ocuparse de los demás, jugar a ser mamas es típico de niñas, el papel de espera en la relación amorosa. Todo un cuadro de actitudes que dificulta la autodeterminación a nivel afectivo, personal y laboral. Somos nosotros, el conjunto entero de esta sociedad “moderna”, los que enseñamos a nuestros hijos pautas de comportamientos sexistas.
La
escritora Gemma Lienas, publicó un libro sobre este tema “ El
diario azul de Carlota”, éste trata las formas de violencia de
género a las que deben enfrentarse nuestras adolescentes y ofrece
recursos para situaciones de peligro. "La
violencia de género, la escolar y la infantil tienen mecanismos
similares. Todas se basan en planteamientos discriminatorios y en un
abuso de poder. Y todas tienen una vertiente física, psicológica y
sexual", explica Gemma Lienas sobre su libro.
Si
me permiten, les cuento una experiencia personal. El otro día
escuchando, de forma involuntaria, por supuesto, la música que mi
hija adolescente tenía a todo volumen en su habitación, creo que se
trataba del músico rapero Porta. En una de la letras dice
algo así: “ Tú eres una zorra como todas las demás” o “ Usas
como cebo para triunfar tu más infalible arma, escote excitante y una
muy corta minifalda”. Podría expresarles lo que sentí en ese
momento, pero esa es una historia para otra ocasión.
Los
niños aprenden modelos de comportamiento que después influyen en
sus relaciones con los demás, por eso es muy importante actuar
cuando observemos conductas exageradas de control o celos. Nuestros
adolescentes piensan, que esto de la violencia de género no va con ellos, que es algo que afecta a los mayores y personas casadas. Pues
de la misma forma creo que la mayoría de nosotros, hablo de los que
tenemos hijos pequeños o adolescentes, no nos estamos dando cuenta
de que, posiblemente se estará repitiendo en poco tiempo, el mismo
modelo de comportamiento en nuestros hijos, que el de los maltradores
que vemos a diario en las noticias. Y desgraciadamente, si nuestro
proceder social persiste, ocurrirá por mucho tiempo mas.

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