Quince minutos de película habían pasado cuando aparece un
mensaje emergente en su móvil. Debido a la oscuridad no pude evitar
ver la pantalla llena de besos y corazoncitos, de una tal Pilar.
Para sorpresa mía, se levantó como un rayo del asiento, y tras
disculparse desapareció camino de la puerta, buscando el número
para hacer la correspondiente llamada.
Me quedé perpleja, allí mirando la pantalla sin ver la pantalla,
preguntándome porque soy tan gili... de salir con el mujeriego de
turno que me planta en el cine con la peli empezada y sale corriendo
a responder a una tal Pilar, que será la folla amiga de turno y me
parece muy bien, pero por lo menos espera a acabar con este cita para
correr a la siguiente.
¿Qué necesidad tienes tú de esto?, como Pilar no sea su
madre, más vale que no vuelva al asiento.
Pues volvió. Veinte minutos después... si, el
caradura, con una sonrisa de oreja a oreja.
- Perdona, es que es una amiga que quería tomar unas
cañitas ahora después.
No vio mi mirada felina asesina, porque inmediatamente acomodó su
brazo por detrás de mi cuello: - Cuenta, cuenta ¿qué ha pasado?
Para no cansaros. El hombre estuvo las dos horas de película,
susurrándome al oído !que coñazo¡ que la protagonista le
recordaba a una novia suya (que es posible que fuera Pilar, o no...)
- Mírala se ríe como ella... si, si, habla como ella. Es
peninsular ¿sabes?... ¡aja mira!... frunce el ceño igualito,
igualito que ella, mira, mira... pero ella es más rubia y poco más
rellenita, ¿sabes?, e incluso las cejas, tienen el mismo arco...
pero bueno jejejeje … para mi ella es mucho más guapa.
Así estuvo dos hora y media, de verdad no exagero, no vi la
película, solo quería irme o morirme allí mismo. Y solo pude pensar el resto de la película, ¿pero que está
pasando en el mundo, ya no hay hombre normales para ir al cine?
Cuando salimos, no puede más y con un tono que no ocultaba el
“ritíntin” para nada, le encasqueté:
- ¿Y porqué no has venido al cine con esa belleza que tanto se
parece a la "prota" y de la tanto hablas?
Y con cara muy seria va y me dice: -Es que estoy intentado volver
con ella, pero no hay manera, ¿sabes? A lo cual le respondí: -Es
que yo tampoco volvería, chaval. Y al ver que no captó mi gesto de
absoluto desprecio, me dí cuenta de una cosa, lo de menos es que
fuera picaflor, lo importante es que era el “tonto el haba”.
Y para ponerle la guinda al pastel de la “nochecita” que me
dio. Allí al pie del coche, en el oscuro y desierto garaje, se
acordó de mi existencia y mirándome con cara de besugo degollado me
quiso meter mano en plan salvaje. Pero afortunadamente para mi, ya
se había apagado la luz de sus ojos brillantes. No hubo forma de
levantar esa lívido.
Esta ha sido la experiencia. De ahora en
adelante al cine, sola o con mujeres.
Colorín colorado...

No hay comentarios:
Publicar un comentario