
Nacer mujer todavía sigue siendo más complicado que nacer
hombre. Pero si además se da la circunstancia de nacer en India,
China, o en el caso de Sudáfrica, donde sólo el 10 por ciento de
las mujeres no han sufrido nunca una agresión, entonces ser mujer
puede ser un infortunio. En países más avanzados como el nuestro
las diferencias de género no son tan evidentes como en estos países,
pero avanzamos de una forma tan lenta y sutil que apenas lo
apreciamos.
Temas como, por ejemplo, la diferencia de salario entre hombres y mujeres. Las mujeres siguen recibiendo un 15% menos en su nómina, no hay ningún motivo que justifique este hecho en pleno siglo XXI, y sin embargo lo permitimos. Otro dato más grave y escalofriante es el maltrato de género, si es verdad que las denuncias por maltrato han aumentado considerablemente en la última década, también es cierto que cada año son más la cantidad de asesinatos dentro del ámbito familiar de mujeres y niños.
Esclavitud sexual, violencia doméstica, discriminación laboral y
social a todos los niveles, etc., podríamos llenar páginas y
más páginas de tremendas injusticias contra la mujer y todo lo que
representa como ciudadano en cualquier tipo de sociedad. El artículo
3, de la Declaración universal de los derechos humanos dice: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la
seguridad personal”, sin duda es mucho más fácil cambiar las
leyes que las costumbres y los usos.
En definitiva y bajo mi punto de vista, trascurrirán muchas generaciones, mucha lucha social y cambios en nuestra forma de pensar y comportarnos, hasta que la igualdad de género vea la luz.


