
Te voy a apartar de mi vida ahora con un bandazo y sin explicaciones o con todas las que tengo, sin reservar nada para tu recuerdo....
Quiero castigarte por no haber oído ni una sola palabra de amor de tus labios, por no haber visto ni una sola palabra de amor en tus ojos, por no haberme besado para siempre. Tus besos... cómo voy a echar de menos tus besos.
El orgullo, nuestro orgullo, mandatario nuestro, superior a las caricias, a los abrazos, a las risas... a nuestros buenos días, a nuestras buenas noches. Más importante que las palabras que anhelé y jamás ocurrieron.
Las palabras, nuestras palabras, las que nunca pronunciaste las oí en los desvelos de la madrugada, en mis tristezas, en mis deseos e ilusiones anuladas por tus desaires. Una palabra o quizás un gesto... creo, que solo un roce de tu mano en mi rostro hubiera abierto mi corazón por mucho tiempo.
La vanidad, nuestra vanidad, ha minado los momentos que ya no ocurrirán, que nunca existirán, más poderosa incluso que la pasión cuando interrumpe en la memoria y nos trae cada momento en que nos hemos deseado.
El orgullo, la vanidad, tus silencios, tus besos... ya echo de menos tus besos.
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