jueves, 23 de junio de 2016

EL TENEDOR SUCIO.



Lo observaba detrás de las gafas de sol ¡era tan guapo! 

A esa hora del día sus ojos azules parecían más intensos, la luz natural que entraba por la ventana los iluminaba de forma extraordinaria. Su elegancia y distinción lo diferenciaba del resto de los allí presentes.

La naturaleza había sido derrochadora una vez más. Era un molde perfecto.

Él, esquivo y huidizo, evitaba mirarla. Claro, prefería observar a las demás, nunca se sabe si alguien más interesante pudiera reclamar su atención. La belleza física es solo decoración y le otorgamos el derecho a ser arrogante, soberbia e incluso arisca. 
 
Ella lo sabía, tenía experiencia en estos casos.

El tintinear metálico no la sacó de su contemplación, fue él mismo quien la devolvió a la cruda realidad… con gesto remoto y distante, casi protocolario, se acercó a ella y sin mirarla recogió su cubierto del suelo. Entonces le dijo, con un tono tan frío como el metal del tenedor sucio “─Señora, ahora mismo le traigo un tenedor limpio”.  

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