La excitante distancia entre dos bocas y un palito de pan que
nuestros amigos comieron hasta el final para llegar a buen puerto...
nunca mejor dicho.
Acciones, reacciones y decepciones... lo que quisimos hacer pero
no hicimos, también se quedará allí.
Nudillos que llamaban a la puerta del vecino... sin querer sal o
azúcar “un paracetamol, por favor, que estoy malito”.
Llamadas anónimas que no tuvieron hombría al otro lado del teléfono.
Llamadas anónimas que no tuvieron hombría al otro lado del teléfono.
Vestidos de fiesta, tacones de infarto, la noche era joven hasta
que el nuevo sol dijera lo contrario.
Los rones y la caipirinha corría por los pasillos y entraban en
los camarotes con “all inclusive”.
Conversaciones tardías de pronunciación pastosa en el hall junto
a la maqueta de un barco que hizo aguas.
Conversaciones inolvidables en torno a dos camas y un tocador repleto de dilemas, que quedaran olvidadas en el barco del “poco amor” para siempre.
Conversaciones inolvidables en torno a dos camas y un tocador repleto de dilemas, que quedaran olvidadas en el barco del “poco amor” para siempre.
Coacción alrededor de una cama doble abandonada al uso. Secretos
amargos con piñas coladas, al borde de una piscina que jamás quiso
ser de color azul.
Chocolate caliente en el café piano, después de correr por las calles de ya no sé donde.
Chocolate caliente en el café piano, después de correr por las calles de ya no sé donde.
Amistades deshechas y rehechas media docena de veces, sin fisuras
de cariño.
Búsquedas de amor con derecho a amistad en el laberinto de pasillos idénticos con olor a rancio.
Ascensores premiosos que incluían sorpresa en su interior, la casualidad no existía en alta mar.
Búsquedas de amor con derecho a amistad en el laberinto de pasillos idénticos con olor a rancio.
Ascensores premiosos que incluían sorpresa en su interior, la casualidad no existía en alta mar.
La ilusión compartida pero no revuelta de
llegar al nuevo puerto, con palitos de pan.

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