jueves, 23 de junio de 2016

LAS EXPERIENCIAS DE UN PALITO DE PAN EN ALTA MAR.


La excitante distancia entre dos bocas y un palito de pan que nuestros amigos comieron hasta el final para llegar a buen puerto... nunca mejor dicho.

Acciones, reacciones y decepciones... lo que quisimos hacer pero no hicimos, también se quedará allí.

Nudillos que llamaban a la puerta del vecino... sin querer sal o azúcar “un paracetamol, por favor, que estoy malito”.

Llamadas anónimas que no tuvieron hombría al otro lado del teléfono.

Vestidos de fiesta, tacones de infarto, la noche era joven hasta que el nuevo sol dijera lo contrario.

Los rones y la caipirinha corría por los pasillos y entraban en los camarotes con “all inclusive”.

Conversaciones tardías de pronunciación pastosa en el hall junto a la maqueta de un barco que hizo aguas.

Conversaciones inolvidables en torno a dos camas y un tocador repleto de dilemas, que quedaran olvidadas en el barco del “poco amor” para siempre.

Coacción alrededor de una cama doble abandonada al uso. Secretos amargos con piñas coladas, al borde de una piscina que jamás quiso ser de color azul.

Chocolate caliente en el café piano, después de correr por las calles de ya no sé donde.

Amistades deshechas y rehechas media docena de veces, sin fisuras de cariño.

Búsquedas de amor con derecho a amistad en el laberinto de pasillos idénticos con olor a rancio.

Ascensores premiosos que incluían sorpresa en su interior, la casualidad no existía en alta mar.

El misterio de las ruinas de Pompeya, donde el tiempo no existe, ni llegarás a tiempo. 


La ilusión compartida pero no revuelta de llegar al nuevo puerto, con palitos de pan.  

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