domingo, 17 de noviembre de 2013

El Infortunio de nacer mujer.

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Nacer mujer todavía sigue siendo más complicado que nacer hombre. Pero si además se da la circunstancia de nacer en India, China, o en el caso de Sudáfrica, donde sólo el 10 por ciento de las mujeres no han sufrido nunca una agresión, entonces ser mujer puede ser un infortunio. En países más avanzados como el nuestro las diferencias de género no son tan evidentes como en estos países, pero avanzamos de una forma tan lenta y sutil que apenas lo apreciamos.

Temas como, por ejemplo, la diferencia de salario entre hombres y mujeres. Las mujeres siguen recibiendo un 15% menos en su nómina, no hay ningún motivo que justifique este hecho en pleno siglo XXI, y sin embargo lo permitimos. Otro dato más grave y escalofriante es el maltrato de género, si es verdad que las denuncias por maltrato han aumentado considerablemente en la última década, también es cierto que cada año son más la cantidad de asesinatos dentro del ámbito familiar de mujeres y niños.

Y si estábamos avanzando despacio, ahora con la crisis sufrimos un retroceso en este sentido. Las mujeres están siendo más afectadas laboralmente, no solo por sufrir una mayor tasa de desempleo, esto tiene una lógica por que ya ocurría antes de la crisis, también se está dando más contratación a tiempo parcial y temporal que en los hombres. Por otro lado los recortes a nivel de sanidad y atención a los mayores también impiden que las mujeres accedan al mercado laboral en igualdad de condiciones, con estos recortes muchas mujeres se ven obligadas a dejar sus empleos para atender tareas que deberían estar cubiertas por el Estado.

Esclavitud sexual, violencia doméstica, discriminación laboral y social a todos los niveles, etc., podríamos llenar páginas y más páginas de tremendas injusticias contra la mujer y todo lo que representa como ciudadano en cualquier tipo de sociedad. El artículo 3, de la Declaración universal de los derechos humanos dice: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad personal”, sin duda es mucho más fácil cambiar las leyes que las costumbres y los usos.

En definitiva y bajo mi punto de vista, trascurrirán muchas generaciones, mucha lucha social y cambios en nuestra forma de pensar y comportarnos, hasta que la igualdad de género vea la luz.  

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