Una
amiga mía ha roto con su pareja con la que tenía una relación
desde hace varios años. Desde hace unos días se revuelve en la
angustia y la desesperación. Claro, yo no estoy en el pellejo de mi
amiga, y además este señor, ex-novio, me importa un bledo. Pero en
este estado de nervios y llantos desconsolados, no se puede tener una
visión clara de los acontecimientos y todo parece más terrible de
lo que realmente es, estas lagrimas tienen más que ver con el fin de
unos planes de futuro, que con el amor.
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El cuento del bello príncipe,
que llega galopando en su hermoso caballo blanco o cuentos
infantiles como este, que tantas veces nos relataron cuando éramos
pequeños, tuvieron una función importante en nuestra tierna mente.
Ayudaron, de algún modo, a establecer los cimientos de lo que
debería ser nuestro futuro sentimental, siguiendo los más estrictos
convencionalismos sociales.
Por orden cronológico, estudios
académicos, los más completos y también rentables para el futuro.
Novio, si es príncipe mejor. Boda, por todo lo alto, como manda la
iglesia católica. Hipoteca, a cuantos más años más
compromiso y más lo pensamos antes de un posible divorcio. Hijos,
mínimo la parejita y son tres mejor. Y hasta ahí podemos leer,
claro, el cuento del príncipe azul lo conocemos hasta el día del
bodorrio y el convite.
¿Qué le ocurre a las mujeres
cuando llegan a una edad y en sus vidas no ha ocurrido lo que
debe ocurrir?, ¿Son estas mujeres sufridoras en busca del príncipe
azul, ya una especie en extinción de esta sociedad moderna?
A lo largo del tiempo, he sido testigo de la exasperación de algunas mujeres al quedarse sin pareja. He visto el miedo en sus ojos, como si de algo horrible se tratara. En plena juventud física y mental, sin novio o futuro marido, ya sea convencional o de hecho. Sin hipoteca, como establece la edad. Sin descendencia, como decreta la edad biológica. En definitiva sin proyecto de familia, y ni tan siquiera un proyecto, para un proyecto futuro de tipo alguno.Me gusta conversar e indagar en este tema con mujeres de ideologías y clases sociales distintas. Hablar de lo comprensible y de lo incomprensible de las relaciones hombres y mujeres, es todo un mundo aparte . Los coloquios son muy interesantes, de ahí las famosas cenas de sólo chicas, que se hacen densas en historias fascinantes, con finales de todo tipo. Aunque las argumentaciones en sus historias, son por supuesto muy diversas, me he dado cuenta de que el final es siempre el mismo:" no necesito a ningún hombre, estoy mejor sola". Y la frase cae como un losa. A continuación, una evidente elevación de la barbilla, para dar más credibilidad a la frase, queda muy aguda, dando así el punto y final al relato amoroso. La negación rotunda en cuanto a la realidad de su situación, es un hecho. Aseguran que ellas no necesitan a ningún hombre que las hagan felices, como dijo un autor, que ahora no recuerdo "no permitas que tu felicidad dependa de alguien porque no siempre esa persona será como crees" Y así creo que debería ser, pero nos queda un largo camino para separar la independencia de la felicidad.
Esto me ha hecho recapacitar sobre porqué nos empeñamos, en esta época moderna en seguir convencionalismos antiquísimos y cánones sociales de comportamiento, que nos convierten en eslabones exactos de una cadena enorme e incontable que circula por nuestra sociedad formando los muros un sistema, sin duda, rancio, arcaico y prehistórico.
¡Ojo! no quiero decir que
el amor no complemente la vida, quiero decir que no debe ser la única
cosa que tenga sentido en la vida, ¡eso es muy triste y lamentable! Es lo que me parece cuando veo a tantas mujeres preocupadas por este
motivo.
Es posible que las vivencias
de mi infancia, en la que tuve que ser testigo de algunas desdichas
femeninas, me marcaran profundamente, más incluso que el
parchís, convirtiéndome en una persona que desea estar
primero satisfecha de su propia vida, siendo la protagonista del
cuento, en el que a veces hay príncipe azul y a veces no, sin que
tenga mayor trascendencia.
Ahí las veo, muchas son
amigas, mujeres que no consiguen ser felices, porque han creado en su
mente una necesidad, encontrar un padre para sus hijos, un compañero
de hipoteca, un apoyo para la vida. El príncipe azul del
cuento, convertido en un fantasma que las acompaña día y noche. Y
esa necesidad insatisfecha, ha creado una carencia en sus vidas, convirtiéndolas en personas frágiles y llenas de miedos. Desde mi punto de
vista.

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