Desde que el hombre se irguió sobre sus dos
patas traseras, no ha hecho otra cosa que evolucionar y buscar
formas de comunicarse día a día. Desde el año 1836, se han
inventado herramientas para hacer la comunicación más sencilla y la
transmisión de conocimientos más rápida. El descubrimiento de la
imprenta, gracias a ella, la prensa (revistas, periódicos, libros),
la radio, el teléfono, la televisión, Internet.
Cada invento ha
supuesto un choque en la vida de las personas, en la cultura de cada
pueblo y de cada país y siempre han habido detractores que han
opinado sobre cada avance y cada descubrimiento tecnológico. Ahora
nos preocupa cómo Internet y las nuevas tecnologías, hacen
dependientes a los jóvenes o no tan jóvenes que dedican excesivo
tiempo a estas actividades en detrimento de otras y pensamos que a causa de
esto se han empobrecido las relaciones sociales.

No cabe duda de que Internet tiene una
gran relevancia en nuestras vidas. Siendo una herramienta de trabajo
para unos, de estudio para otros y de ocio para casi todos.
Dependiendo de cómo seamos nos va a afectar de una forma u otra. Si
eres un adolescente aburrido, vas a generar 20 amigos en un minuto.
Si eres un un comprador compulsivo, te faltarán tarjetas de crédito
para comprar lo que quieras. Si eres estudiante encontrarás de forma
inmediata, toda las información que necesites, etc.
Internet ha influido enormemente en la
sociedad, permitiendo una evolución de la civilización hacia un
modelo de red global, en la cual fluye la información y donde la
distancias ya no son un problema para la comunicación. Como dice el
sociólogo Manuel Castell, en su artículo la sociedad red: “Internet
es la sociedad, expresa los procesos sociales, los intereses
sociales, los valores sociales, las instituciones sociales”.
Seguimos avanzando en este sentido y para ello debemos tener la mente abierta, aprender a utilizar las nuevas tecnologías, pero sin olvidar que hay otras formas de comunicación. Tenemos que diferenciar la información real de la ficticia y engañosa y no tener miedo a los cambios.
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