lunes, 4 de noviembre de 2013

La gran telaraña

Desde que el hombre se irguió sobre sus dos patas traseras, no ha hecho otra cosa que evolucionar y buscar formas de comunicarse día a día. Desde el año 1836, se han inventado herramientas para hacer la comunicación más sencilla y la transmisión de conocimientos más rápida. El descubrimiento de la imprenta, gracias a ella, la prensa (revistas, periódicos, libros), la radio, el teléfono, la televisión, Internet. 

Cada invento ha supuesto un choque en la vida de las personas, en la cultura de cada pueblo y de cada país y siempre han habido detractores que han opinado sobre cada avance y cada descubrimiento tecnológico. Ahora nos preocupa cómo Internet y las nuevas tecnologías, hacen dependientes a los jóvenes o no tan jóvenes que dedican excesivo tiempo a estas actividades en detrimento de otras y pensamos que a causa de esto se han empobrecido las relaciones sociales.



No cabe duda de que Internet tiene una gran relevancia en nuestras vidas. Siendo una herramienta de trabajo para unos, de estudio para otros y de ocio para casi todos. Dependiendo de cómo seamos nos va a afectar de una forma u otra. Si eres un adolescente aburrido, vas a generar 20 amigos en un minuto. Si eres un un comprador compulsivo, te faltarán tarjetas de crédito para comprar lo que quieras. Si eres estudiante encontrarás de forma inmediata, toda las información que necesites, etc.

Internet ha influido enormemente en la sociedad, permitiendo una evolución de la civilización hacia un modelo de red global, en la cual fluye la información y donde la distancias ya no son un problema para la comunicación. Como dice el sociólogo Manuel Castell, en su artículo la sociedad red:  “Internet es la sociedad, expresa los procesos sociales, los intereses sociales, los valores sociales, las instituciones sociales”.

Seguimos avanzando en este sentido y para ello debemos tener la mente abierta, aprender a utilizar las nuevas tecnologías, pero sin olvidar que hay otras formas de comunicación. Tenemos que diferenciar la información real de la ficticia y engañosa y no tener miedo a los cambios. 





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