En este armónico marco transcurría el medio día del domingo cuando reparé en mi amigo que, sentado frente a mí, insistía en encontrar una información en el móvil como si fuera la última y la más importante de su vida, no hay nada como las nuevas tecnologías para mezclar el ocio con el trabajo. Hasta que de pronto volvió a percatarse de mi presencia, tras disculpas y explicaciones, nos dispusimos hacer el pedido de la comida, por supuesto, siempre enlazada con un vino de la tierra que el camarero acomodó en la cubitera con agua y hielo, como si fuera parte de un delicado ritual.
Era uno estos restaurante que cobran el cubierto, la vista del paisaje y posiblemente los buenos días, que justifican la considerable cuenta con juegos geométricos al colocar la comida en el plato. Siempre me pasa, no puedo evitar imaginar al cocinero manipulando la zanahoria, procurando colocarla de forma creativa y graciosa junto con la lechuga y el tomate, no sé porque me ocurren estos pensamientos.
En fin, la protagonista de esta historia no es la ensalada que comimos esa tarde, si no una muchacha que nos llamó la atención por lo peculiar de su presencia. Reparamos en ella al encontrarla sentada en el centro de la sala, apoyaba la silla en el arco que delimitaba las dos zonas del restaurante, aparentaba no importarle lo que pensara la gente que empezábamos a mirarla con cierta curiosidad, mientras tanto ella esperaba a que se desocupara la próxima mesa.
Su aspecto era esbelto y frágil, cabello de color castaño claro con bucles que se descolgaban mas abajo de los hombros formando bonitas ondas elásticas, de rostro alargado, labios finos y ligeramente perfilados, pómulos marcados por la delgadez que a la vez resaltaban los ojos grandes y azules, tristes y cansados, enmarcaban su bello rostro.
Consiguió mesa al lado nuestro, con la suficiente distancia para poder observarla sin ser descubiertos.Y entonces comenzó el juego de opiniones sobre el misterio de nuestra vecina de mesa, la imaginación comenzó a fluir entre mi amigo y yo...
—Sin duda se siente una mujer desdichada —le comenté a mi amigo dándole rastre a mi fantasía—, sus ilusiones se han venido abajo, sin saber que había hecho mal. Cuando se levantó esta mañana, él no estaba, encontró un pos-it en la puerta de la nevera que decía: "lo siento, no puedo seguir". ¿Es suficiente explicación para una mujer?, no, por supuesto que no, la cobardía debería estar penada en el amor, como mínimo con un año de desamor. Por que si es difícil superar el enamoramiento, es mucho más complicado, si no entiendes de quien ha sido la culpa de tu dolor.
Cualquier historia de estas, puede llevarte a una situación como la de la misteriosa chica de la mesa de al lado y sin duda a quienes lean este relato, se les ocurrirán miles de historias de amor y desamor, como las que surgieron en la conversación entre mi amigo y yo esa tarde de domingo en el restaurante de la costa.
Desde la ventana, el mar se deslizaba rápidamente por la arena para refrescar las piedras que ardían por el sol al golpearlas con fuerza proyectaba un sonido invariable e insistente que a la vez combinaba con el tintineo de los cubiertos en el interior del restaurante, inmejorable música para el medio día de cualquier domingo en la mejor compañía.

Muy bonito Espe, me encanta :-)
ResponderEliminarTengo un pequeño "defecto", bueno, por tener tengo más, pero uno en concreto, cada vez que leo una historia sin darme cuenta el autor me lleva a meterme en la historia siendo el protagonista de ella. Al principio me vi delante de un amigo observando como estaba absorbido por el móvil y ajeno a lo que pasaba a su alrededor. Después, durante unos momentos me vi cortando zanahorias en una cocina llena de muchos utensilios, grandes calderos, fogones enormes y abarrotada de gente trabajando en ella. Luego aparecí sentado en medio de un restaurante, escuchando gente a mi alrededor hablando de mi, haciendo valoraciones equívocas sobre mi vida, y ahí me quedé, en ese personaje, abandoné mi pensamiento de hombre y me metí en el pensamiento de aquella chica, y a su vez, al escuchar las historias que decían sobre mi, me fui metiendo dentro de esas historias también, imaginándolas como si fueran ciertas.... .....aunque en realidad, aquel día fui al restaurante porque había quedado con un compañero de trabajo, y justo antes de llegar aquella parejita, justo unos instantes antes, había recibido un mensaje suyo en el que se desvanecían todas mis esperanzas de vivir una hermosa historia con el.....
Bonito relato, gracias, Toñín
Cómo me gusta que te haya gustado, solo alguien tan perceptivo como tú puede tener esos "defectos" maravillosos que te llevan a vivir la lectura de esta forma... gracias por leerme, mil besos.
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